jueves, 5 de febrero de 2026

Mientras lava los platos

 

Advertencia

Las siguientes historias han sido inspiradas por mujeres reales. No obstante, muchas situaciones no reflejan la realidad, ni mucho menos lo que pensaban los personajes.




Ahí está ella, en su rutina diaria de lavar los platos. Yo la miro. Observo con detenimiento cómo toma cada uno, cómo los enjabona, uno a uno, hasta terminar con todos. Y al mirarla sé que no está ahí. Con cada plato se transporta, se va lejos. Llega a ese lugar al que la llevan sus pensamientos. Llega a los sueños de juventud que una vez tuvo: de querer hacer, de lograr…, de no estar atada aquí, al pie de una mesa, lavando los platos.

Por eso se transporta a los anhelos que tuvo, a lo que pudo ser, a lo que no fue, a lo que no logró, a lo que no la dejaron ser… se transporta a lo que no es. Pero no es que no quiera estar aquí. Ella es feliz. Es feliz cuando ve llegar a sus nietos, cuando la abrazan y la llenan de besos. Se alegra cuando el más pequeño de todos se le sienta en las piernas y empieza a contarle sus fantasías. Es feliz cuando les cocina a todos y ellos le sonríen. También es feliz cuando cuenta sus historias de juventud… y, en esas historias, de repente llegan los consejos de su padre y las experiencias de su madre. Es que en esos consejos y en esas experiencias está lo que es, lo que construyó. Allí está ese ser de ahora. Ese ser inimaginable para su juventud. Ese ser que, mientras lava los platos, se transporta a otro universo.

Quizás no quiere estar aquí; quizás quiere estar allá. Hay tantas preguntas que quisiera resolver. Hay tantas respuestas que quisiera encontrar. Si es ahí, si es acá, si es lavando los platos, si corriendo, si jugando… ¿Qué querrá? —me pregunto—.

A veces dudo y me callo. Pero quisiera, quisiera preguntarle si con lo que es, con lo que quiso, con lo que tiene ahora… eso es ella.

Entonces nadie nota adónde se transporta cuando lava los platos. Yo la miro y puedo comprender: sus ojos no están allí, su cuerpo está en otro lugar. Nadie más parece darse cuenta: ella, cuando lava los platos, se va a otro sitio. Por eso, a veces me acerco y me pongo a su lado. Mientras la ayudo, dejo que hable y que cuente.

Le noto una felicidad, un brillo en los ojos, mientras habla de lo que quiso ser, de los sueños que tuvo, de las ilusiones, de lo que quiso construir, de aquello por lo que luchó y… de su marido. Era su marido. Su marido. Su papá le dijo una vez que había que obedecerlo, y eso se le quedó. A veces cuestionaba todo, quería rebelarse… es que daba miedo. Daba miedo cómo la miraba. Daba miedo defraudar lo que su papá quería que fuera, “cómo quería verla su mamá”. Pero si ella hubiera sabido lo que, en el fondo, también pensaba su mamá, entonces probablemente su historia habría sido otra.

No sabía que ambas compartían el mismo miedo, las mismas frustraciones, los mismos cuestionamientos. Pero ninguna se atrevía a decir nada: eso daba miedo.

sábado, 19 de febrero de 2022

Lavar los platos: un asunto cotidiano que merece ser estudiado

 

En el presente documento se exponen los hallazgos más relevantes de una reciente investigación que estudia el comportamiento de varios individuos cuando hablan del tema de lavar platos.  El objetivo de la investigación se planteó desde la hipótesis: una de las mejores estrategias para medir la postura ideológica de un individuo es analizar sus respuestas frente a tres preguntas: ¿lavas platos? ¿por qué lavas platos? ¿cómo lavas platos?  Los siguientes párrafos detallan el paso a paso de la investigación.

 

Metodología de la investigación.

Lo primero que se realizó fue un debate con la pregunta: ¿Quién lo hará? Entonces cada individuo comenzó su discurso que varió según su posición ideológica (aunque al final de cuentas sea más razonable decir conveniente) Es así como comenzaron los argumentos sobre quién lo hará, quién no lo hará o quién debe hacerlo. Luego, el debate se centró en la pregunta: ¿por qué se debe hacer?  Aquí los individuos empezaron a enlistar una serie de razones. Estas fueron las más recurrentes:

·         Por qué se evitan las moscas, cucarachas, hormigas, ratas y demás bichos desagradables.

·         Por qué la cocina debe estar limpia.

·         Por qué hay que cuidar el ambiente.

No obstante, es interesante conocer textualmente la respuesta del individuo que esconde su flojera en argumentos filosóficos:

Las respuestas a esa pregunta se deben centrar en ese porqué inicial. ¿De dónde viene eso de lavar los platos? ¿Quién inventó eso? ¿Quién dijo que había que hacerlo? (El Flojo, s.f)

 

Luego que el primer individuo colocara filosofía al tema, se inició un dialogo que es muy importante resaltar de esta investigación.  A continuación, se transcribe detallada y textualmente el análisis del mismo:

 –No sé quién lo habrá dicho, lo que sí sé es que los platos se multiplican como los panes y los peces– expresa con total seguridad el que siempre asume la posición religiosa frente al asunto.

–No es cuestión de religión. Es cuestión de saber que hay microrganismos que se deben eliminar de los platos – expresa con total domino el individuo cuyo argumento siempre sustenta en la ciencia.

–Más que eliminar organismo debemos ver los beneficios que nos trae el lavarlos. Los estudios han demostrado que lavar los platos es un buen ejercicio para la salud mental– habla el individuo que siempre imprime un toque de psicología en el asunto–.

–De hecho, las estadísticas han demostrado que, en los Estados de gran prosperidad económica, las personas lavan su propio plato– continua el individuo que, por cuenta propia, asume el ejercicio de llevar el registro diario de quién lava o no los platos.

–Es que esto es un asunto de distribución de quehaceres. Por eso, el que cocina no debe lavar los platos– expone con tono casi marxista y aprovecha que han mencionado al Estado, el individuo que ha perfeccionado su argumento sociológico.

–Entonces, establezcamos normas– retumba la voz del individuo del argumento jurista, mientras camina como cualquier abogado en plena audiencia de defensa de su cliente.

–¿Normas? Aquí no estamos en un Estado autoritario. Debemos empezar a crear acuerdos entre todos– expresa en tono Mahatma Gandhi, el individuo más pacifista frente al tema.

–Entonces acordemos comprar platos desechables y no nos complicamos con este asunto– expone el más capitalista en la cuestión.

–NI POR EQUIVOCACIÓN. Debemos pensar en la Pachamama y no en nosotros solos– es el argumento vehemente del ambientalista en el tema–.

–Entonces que cada quién lave su plato– vuelve a intervenir el capitalista.

–¿y quién lava las ollas entonces? – se pierde la voz entre tantos otros argumentos.

Esta última pregunta fue la apertura a un nuevo debate frente a la pregunta: ¿cómo se hace? Con las respuestas a esta pregunta también se pudieron determinar las posiciones ideológicas de cada individuo (o las verdaderas intenciones de cada argumento dado anteriormente).  La tabla que a continuación se presenta, detalla las respuestas más recurrentes a lo largo de la investigación y su posición ideológica (realmente son más intensiones y conveniencias que ideologías)

Argumento

Ideología (intensiones y conveniencias)

Cómo sea más fácil y rápido.

Filosófica (facilista y flojo)

Cómo estén organizados en el lava platos

Religioso (no cuestiona nada, deja todo en manos de Dios)

Con la técnica que es más apropiada y el sentido común lo indica

Científico (no cree en Dios sino en la ciencia)

Cómo sea más cómodo.

Psicólogo (quiero buscar pretexto para hacer recocha)

Cómo lo indican las estadísticas

Economista (no quiero lavar más platos que otros)

Distribuyendo los platos. Primero los cubiertos, luego los vasos, luego los platos y por ultimo las ollas.

Sociólogo, casi marxista (cree en las creencias populares, indica que no investiga y no cuestionada nada)

Como lo han enseñado las abuelas, esa es la ley.

Jurista - legalista (machista que cree que las mujeres son las únicas que saben lavar platos)

Como sea, pero que lo haga enseguida.

Pacifista (quiere dejar el estrés y olvidarse del asunto sin importar si se lavan o no los platos)

De la forma cómo lo hace al que se le paga.

Capitalista (no quiere lavar platos, quiero que otro lo haga)

De la forma que ahorre más agua.

 

Ambientalista (no quiere gastar mucho dinero)


Conclusiones

A partir de los hallazgos, se ha creado un método para determinar la postura de un individuo, conociendo no sólo su ideología, sino que esconde detrás de ella (intensiones y conveniencias) A partir de allí, la investigación arrojó que, para conocer la postura de un individuo frente a un tema determinado, es más útil preguntar: ¿lavas platos? ¿por qué lavas platos? ¿cómo lavas platos?  Por tanto, se sugiere que antes de cualquier prejuicio que se pueda hacer del individuo, es mejor perfeccionar el método que aquí se ha enseñado.  Entonces se descartan aspirantes a un puesto, en un proceso de selección; candidatos en un proceso electoral; y por supuesto, pretendientes es un plan de conquista.

 

Bibliografía

Fulano Sinoficio (S.F). El dilema de lavar los platos.

jueves, 30 de diciembre de 2021

La nueva historia

Tú no tienes la culpa de lo que viví en mi pasado

Tú no tienes la culpa de la soledad de mi niñez

Tú no tienes la culpa de haber llorando en la oscuridad

Tú no tienes la culpa de mis miedos por las noches

Tú no tienes la culpa de los ruidos que escuché

Tú no eres el pensamiento de mi inconsciente…


Construyamos juntos esta nueva historia

Dónde estás tú y dónde estoy yo

Dónde no hay miedos y no hay heridas

Dónde los sueños saben a mañanas frescas, a niños felices.

Dónde las decisiones son a nombre propio, sin complejos ni remordimientos.


viernes, 29 de octubre de 2021

Los mitos

Mil palabras amargas y despectivas podría escoger

para definir qué significa la violencia contra la mujer.



Pero resulta que, así como de limones se hace una limonada, 

este tipo de violencia se camufla de forma endulzada.


Si piensas que es oscura, una cosa diré, 

a veces se esconde entre la claridad de los buenos días con café.


Por si no la escuchas,

presta atención al silencio de tus pensamientos mientras te duchas.


Si crees que es amarga y desolada, 

huele las rosas frescas y escucha aquella canción dedicada.


No siempre es morada ni verde,

a veces se pinta de poema y se sonríe contigo al verte.


Ella no siempre viene de afuera, 

a veces se engrandece con el consejo de la abuela.


Y finge estar dormida, haciéndote alas con tu cobija.


¡Escóndete! -te dice mientras tus miedos la engrandecen-.

La muerte es solo para la televisión, a eso pequeño no le prestes atención.


Ella se camufla entre tu cama y sillón 

y va tomando el nombre de tradición.





miércoles, 5 de mayo de 2021

Para hablar de amor



No me pidan que guarde silencio.

No me pidan que calle mi voz.

Tengo mucho que decir para no hacerlo.

Hay muchas historias que contar para andar escondiendo.

¿Quién eres tú para no permitirme hablar?


No guardaré silencio,

no estaré estática en el tiempo.

Hablaré, hablaré si quiero.

Hablaré de amor en este mundo del miedo,

en este espacio del olvido.


¡Que se escuchen mis palabras...

por que a mí, nadie me calla¡


La gitana Urbana



martes, 18 de agosto de 2020

Celmira

Era 19 de agosto de 1961 cuando Celmira se fue. Y con ella se fueron los sueños, las esperanzas y todos los planes de progreso que la familia había visiono alguna vez. En ese viaje de regreso a Cereté se respiraba un aire de derrota, de frustración, de dolor y de esa sensación amarga de dejar algo que una vez fue tuyo.

 

Años después también lloré por ella en la modistería de mi abuela. Me sentí pasajera en ese carro de mudanza. Sentí esa injusticia correr por mis venas. Pude ver los ojos tristes de mi abuela, que no disimuló con sus lágrimas.

 

No conocí a Celmira pero pareciera que sí.  Mi abuela se encargó de reconstruir su historia noche tras noche en su terraza.  Debió ser muy hermosa, lo digo por la fotografía que tiene mi abuela en su cuarto.  Siempre que la miro recuerdo su historia como si yo hubiese estado presente en cada uno de esos momentos. 

 

Ella fue obligada a casarse con el abuelo Juan a los 15 años, porque quedó embarazada. “Se comieron el dulce antes de Semana Santa” –acostumbra a decir mi abuela-.  De sus amores se sabe poco, tal vez sus encuentros escondidos y sus experiencias prematuras fueron en un momento mágico… y digo mágico porque fue allí donde nació mi abuela.  Aunque también empezó la historia de fuga del abuelo Juan.  Con el tiempo aprendí a no juzgarlo.  Más aún cuando mi abuela tuvo la oportunidad de perdonarlo y, en sus últimos años, lo que hizo fue honrarlo. Entendí que, aunque Celmira llevó la peor parte, él tuvo miedo de asumir las decisiones impuestas.

 

Después del matrimonio, el abuelo Juan se fue y Celmira se quedó sometida a las decisiones de su mamá (abuela María), de su papá (abuelo Miguel) y la de sus hermanos. Nunca pudo volver a decidir por ella y perdió la opción de ser rebelde. Incluso, cuando conoció al Viejo Pomares, padre de sus próximos hijos. No tuvo la valentía de huir, por el contrario, quedó atrapada como proveedora del hogar hasta el 19 de agosto de 1961, día en que se fue.

Y aunque han pasado muchos años, ella no se fue.  Ella está en ese aire de soñadora que a veces me habita y en el eco que me hizo el consejo de no casarse joven… pero, sobre todo, vive en las historias que noche tras noche escucho atenta, en la terraza de mi abuela.


martes, 27 de junio de 2017

La historia de Mara contada por Mile

Jaime Molina y Escalona hicieron un pacto: que si Escalona moría primero, Molina le tenía que hacer un retrato y si Molina primero, Escalona le tenía que sacar un son.  Por eso yo reservo este espacio a <una amiga que ha tenido tantas historias sin protagonistas principales>>.  Ella me prometió que algún día hablaría de mí.  Hoy le digo que este seria el mejor momento…


La historia completa aquí: La historia de Mara contada por Mile


La mujer que fuma